sábado, 29 de marzo de 2014

Esos días.

Es increíble lo que los atardeceres y anocheceres pueden lograr, un momento de nostalgia suprema y sublime.

Añoranza por esos días, esos días en que te quejabas por pequeñeces, por tener que ir al colegio, por tener que pedir permiso para salir a la esquina a comprarte algo para comer, por no poder comer todas las golosinas que querías porque si no te enfermabas de la guatita por la noche.     En que no tenías mayores preocupaciones o aprehensiones… no había potenciales parejas, no había borrachera, no había noches de pasión desenfrenada, no había decepciones ni tardes sin saber qué hacer… siempre había algo.

Esas tardes en que con mi primo más cercano de entonces pasábamos el tiempo jugando play station o mirando tv cable, riéndonos de cosas que más tarde recordaríamos con cariño y nostalgia, programas de tv como Pokemon, Digimon, Tom y Jerry, La Vaca y el Pollito, El Laboratorio de Déxter, entre otros, marcaron nuestra infancia.  Tardes de invierno, tardes de invierno con mi primo en su casa, tardes de invierno con mi primo en su casa en el segundo piso… mientras en el primer piso mi madre y mi tía conversando y haciendo un rico queque, kuchen, pie de limón, panqueques, pan amasado o unas ricas sopaipillas para la once… ese paréntesis exquisito en que tomamos once con mi primo riéndonos de forma cómplice ante nuestras madres que no entienden nada… jajaja… luego volver a subir a ver tv o jugar. Ese olor de la estufa a parafina con la naranja arriba es un olor inigualable… eso mezclado con el sonido de la lluvia y el olor a humedad que se cuela entre los vestigios de puertas y ventanas.

Esas noches en que mi madre invitaba amigas o tías a compartir en nuestra casa, noches de viernes o sábado. En cuanto las visitas llegaban tipo 9 de la noche yo ya sabía que se aproximaban las papas fritas y la bebida. Yo con mi tele encendida en el segundo piso y viendo el tv cable, y de pronto, aparece mi madre con un plato hondo con papas fritas y otras golosinas más un vaso de bebida. Empieza la función… son las 22:00 horas, y puedo estar tranquilamente hasta la 1:00 o 2:00 de la madrugada por ser noche de fin de semana, por la tele pasan como dos horas de Pokemon y yo contento, luego vienen programas que en mi vida había visto pues no me quedaba nunca hasta tan tarde, me acabé las papas, la bebida se acabó, mi madre y sus visitas siguen abajo riéndose y conversando, no se de que hablan, no me importa, solo soy yo en mi pieza con mis papitas, mi bebida y mi tv cable… son la 1:00 y empieza a darme sueño, empiezo a cabecear hasta ya en una media hora caigo rendido… viene mi madre, no se que hora es, pero me ayuda a descalzarme y ponerme ropa de dormir, buenas noches.


Esos días, esos días en que no había potenciales parejas, sino primos y amigos para jugar y divertirse, no había borrachera, sino bebida y golosinas, no había noches de pasión desenfrenada, sino noches de maratón de dibujos animados, no había decepciones ni tardes sin saber qué hacer… siempre había algo, como compartir un juego de video o reír y pasar la tarde con tus seres queridos. Extraño esos días.